domingo, 20 de marzo de 2011

Quizás sea el mar.

El salitre vestía tu piel,
yo desnudo en la arena,
atraqué mi barco de papel,
lo amarré a tu melena,

y una estrella aprendiz de fugaz
y voyeur de sirenas,
se fugo hasta la orilla, a aprender
el verbo acariciar.

Y una perla que huyó de una ostra
te puso un pendiente,
te supo adornar,
y alegó que quería estar presente
cerca de tu oido
y oirme susurrar:

y si al día le da por llegar,
no te pongas mi vida la ropa,
que esta noche quizas sea el mar
quien nos mire en las rocas,

y si al día le da por llegar
dejamé que te bese en la boca,
que esta noche quizás sea el mar
quien se siente a mirar.

Al galope un caballo de mar
relinchó entre las olas,
se fue huyendo por el malecón,
nos quedamos a solas,

y a la luna le dio por menguar
reflejada en tu pelo,
se moría el cielo de celos
y rompió a llorar.

Huerfana de ermitaño encontramos
una caracola,
la quisiste escuchar
y al ponerla cerca de tu oido,
regresó del olvido
y empezó a susurrar:

y si al día le da por llegar...

Canción del cantautor catalán Dani Flaco extraida del disco Salida de emergencia.

sábado, 19 de marzo de 2011

Dublín.

Reivindico el uno mismo y contigo no se puede,
te bajé la falda y vi entero París,
me duele el hueso de quererte,
me crecen nueve vientres de vivir,
sólo tengo tres canciones para hacerte reir.

Tengo fe y te rezo a besos,
en mis brazos crecen flores,
tengo sed de sudor nuestro en la pared.

Culpable como un vino añejo
hace horas que no veo amanecer,
ya te vi desnuda, tengo el amor por hacer.

Tiemblo, como un desfile de gaviotas solas,
que pierden la cordura con tu boca,
y vuelan por los dos.
Me alejo, cuanto más veo a la luna sola,
siento, el miedo al hambre del aire que seca el cuerpo
del hombre que no soy.

Miedo, desde hoy no tengo corazón,
ni tiempo de arena en el reloj vistiendo al viento.
Como diciendo adiós me alejo,
como un desfile de agua en cualquier río,
rasgando versos de un mismo sentido,
rimado al corazón.

Prefiero no bailar, a recoger tus pasos,
seguir oyendo como gime este rosal,
por no nadar seguí anclado a cualquier barco,
y no sació esta sed volver al mar.

Tengo fe y te rezo a besos, en mis brazos crecen flores
tengo sed de sudor nuestro en Dublín.

Canción inédita del cantautor gallego Andrés Suárez.

Un tipo maduro.

Si ungieses tu cuerpo con dulzor de muchachas
y cerrases la noche con un beso a menudo,
el viento no entraría cada noche en tu alcoba
a entornar los postigos con recuerdos ajenos.

Un tipo maduro: ese es tu linaje.
La mascota, tenue, dando sombra a tu rostro.
Ser hijo de tu tiempo, buscabas hace un mundo:
navegar por la suerte, desenfundar la vida
como un puñal certero, personal e implacable.
Hoy, buscas un empleo leyendo los anuncios.
El fracaso es ese cuarto desnudo,
la bombilla apagada y el espejo roto.

La radio canta que hay gente que triunfa en los teatros,
hablan los banqueros y todo es bonancible,
pero no hay caricias, ni quedan cigarrillos,
maldices lentamente al bajar las persianas.

Los años que te restan ya están contratados
por miedos y rutinas: ese fue tu negocio.
Descuelgas el telefono y llamas al futuro,
"ese numero no existe" desengaña una voz.

Juan José Téllez Rubio, escritor y periodista español nacido en Algeciras en 1958.

jueves, 7 de octubre de 2010

Te llames como te llames.

Nadie salió de su rincón,
una partida de ajedrez,
con sólo mover dama y un peón,
me puso en jaque mate al rey.

No terminaba de pasar,
la tarde que no me llamó,
una carambola, se habrá echado atrás,
parece que se equivocó.

Ahora espero que se me pase la infección
contra el veneno de una mordida de corazón.
Hay poco que hacer.

La ventanilla daba al mar,
el día que salió mi tren,
ella no me pudo acompañar,
fue la primera.

No terminaba de volver,
dejó de ser provisional,
vine para un año y me quedé,
van cinco primaveras.

Ahora espero que no me agote este Madrid,
que tengas tiempo para pasarte por aquí,
te llames como te llames.

Canción de Cesar Pop, compositor y cantante, habitual en la banda Pereza tocando los teclados, y aún sin disco en el mercado, el también componente de la banda paralela de Leiva y Quique González: Autopista hacia el zulo o simplemente Autopista, junto con Fernando Macaya y Carlos Aranzegui.

domingo, 3 de octubre de 2010

De todos los colores.

El parque más pequeño se hace eterno si estás dentro,
tu sonrisa acompleja a la más guapa y tus lágrimas inundan la tristeza,
no dejes de andar de esa manera que derrites las aceras,
y es que ya es primavera y te estás quitando ropa.

Me preguntas cosas complicadas que yo intento resolver
y es que me hago el entendido o pones cara de entenderme
y no me escuchas porque ponen en la tele tu novela preferida.

No es posible que hayas hecho las maletas,
¿no te das cuenta que has metido el corazón en la guantera?
Yo te espero metido en una casa nueva,
rodeada de estaciones que festejarán tu vuelta.

Y te has pasado al enemigo, y ya no duermes conmigo,
y esta es la primera vez que pierdo algo tan bonito.
Y ahora estoy sin nada y en mi jardín no crecen flores,
y me está saliendo barba de todos los colores,
de todos los colores.

Y en el calor, no eres tú, es la calefacción,
y la factura que la pague el corazón,
y ya no salgo a pasear por si encuentro
en el camino quien me ha sustituido.

La casa es un campo de batalla,
es un campo de minas,
son tus cosas que me explotan en la cara.

Y si mi gente te sonríe al verte,
no creas que lo sienten, no puedes leer su mente,
me he vuelto loco de esperarte aquí,
con mi sombrero y con ganas de decir te quiero.

En la ventana he mirado muchas veces
esperando una mirada, que hayas vuelto para siempre.
Y ahora estoy sin nada y en mi jardín no crecen flores
y me está saliendo barba de todos los colores.

Canción incluida en el álbum A la dirección publicado en 2010 por el compositor y cantante Diego Montoto.

Adicto.

De rama en rama, colgado de la luna,
adicto... a las canciones de amor.
De casa en casa, buscando el calor,
adicto... a la subida de telón.

De boca en boca, si quieres te confirmo
adicto, adicto, adicto a colocarme... tu ropa.

Dónde salvarme de mi,
de las terrazas de verano, de mi,
de algún que otro fulano, de mi,
de las lineas... de la mano.

Y cara a cara, sabiéndote mejor,
adicto... a desplumarte la razón.
De sobra en falta, aunque la hierba sea mala
adicto... a esta sangría de tiempo, de momento.

De boca en boca, si quieres te confirmo
adicto, adicto, adicto a colocarme... tu ropa.

Dónde salvarme de mi,
de las terrazas de verano, de mi,
de algún que otro fulano, de mi,
de las lineas... de la mano.

...Que si quieres puedo ser
un rinconcito ambulante,
una taberna en tu casa,
un maremoto de salón.
Con la llave, la misma,
condenada a abrirte la boca,
con vistas a este mar adicto,
mar adicto, mar adicto...

Canción del cantautor sevillano Paco Cifuentes que abre su primer álbum de estudio publicado en el año 2006, que lleva por título el nombre de la canción Adicto.

Perder el tiempo.

Perder el tiempo no es mirar embobado
el cielo azul de las diez de la mañana.
No es hacerse el remolón en la cama,
ni decidirse por una leche con miel.

Perder el tiempo no es ir a buscarla a ella
para desayunar, sacarla de la cama,
desmenuzar las experiencias de la noche.
Perder el tiempo no es no tenerlo claro,
o cambiar el taxi por el autobús,
subir la cuesta del parque del Oeste.

Perder el tiempo no es saber adónde ir
ni adónde mirar.
Dejar el trabajo para más tarde.
Cancelar las citas del día.
Todas (hasta las verdaderamente importantes).
Dejar que pasen las horas de la mañana
fumando hachís entre medias y frío.

Perder el tiempo no es acercarse a un cuerpo extraño
con todas las dudas colgándote del pelo,
arriesgándote a no sentir,
a no percibir.
Perder el tiempo no es tomar la parte por el todo
y no querer huir, que ya es tanto.
Recolectar colillas a las tres de la mañana,
oler los gatos en las escaleras.
Una rendición falsa, un aplazamiento.

En la cabeza otro nombre a punto de salirse por la boca;
mirar de reojo, por si acaso estuviera.
Y sin embargo sentir, sentir la calma.
A ratos mucha calma.
Las manos asperas, los labios blandos.

Hay algo en esta vida que me gusta.

Perder el tiempo no es pararse a mirar a ttavés de los cristales.
Perder el tiempo es otra cosa.
Es estar muerto, en orden.

Poema de: Lara Moreno Martín. Nació en Sevilla en 1978, estudió periodismo en la universidad de Sevilla. Ha publicado el libro de relatos Casi todas las tijeras (Ed. Quorum, 2004).